A propósito de El río fue testigo 1,

la novela de Ángel Galeano Higua

Por Javier Echeverri Restrepo

Novela de respiración profunda y gran aliento que se asoma al corazón presente. El río Magdalena es el espinazo geográfico y el puerto de Magangué, centro tentacular del relato.

Abre el texto una carta fragmentaria a Berenice que se convierte en gancho de entrada al fabulario de los descalzos. Luego arranca el apunte con olor a jornada y diario que irá tejiendo el camino cooperativo y la traza descalcista por el territorio nacional.

Al comienzo parece un texto algo desvertebrado que no promete encierro de alma. Luego nace la traza de espinazo social, definido y concreto con aquella boleta de Leonardo en el bolsillo. Inicialmente lo encontré fragmentario, el narrador muy explicativo y los perfiles ajados que reclaman el tejido del diálogo. Eso hace parte de mis equivocaciones. Poco a poco la crónica despierta el paisaje y emerge la gesta de los descalzos y una novela que pide diálogo lo tiene y entrega. Esa utopía descalcista fragmentaria toma cuerpo, el flujo del narrador destapa puntada a puntada la geografía y los hombres que habitan el Río Madre, sus puertos de agua dulce, ranchos de tabla, Magangué, su albarrada y jarillones.

Angel Galeano Higua

Aunque el texto está hecho de fibra verbosa y garruda busqué un Leonardo más personal en cuanto a la levedad femenina de su Manuela y la ausencia de chucherías adorables para aquella Valentina de sus amores, el narrador, dije las absorbe mucho. Pero luego descubro que Leonardo y su periódico de sueños es apenas una carta en la baraja de los utópicos descalzos. Asoman Liborio Pineda el ciego, maestro de memorias y recordaciones; Daniel Buitrago, que lee a Hawking y su Historia del Tiempo; la maestra Yajaira, otra figura en el camino de los descalzos; el médico Oscar Mauricio y la fiebre de la ciencia; Sara la Guajira y su tienda alquimista. ¿Cuántos son los descalzos? Pregunto al texto: recurso o fragmentación. El narrador me contesta, registro y novelario, la historia no deshilvana, sígame. Entonces lo fragmentario se torna recursivo y de la crónica verista se pasa a lo global entre el flujo del novelar. La gesta de los descalzos genera otro palpitar más allá del verismo social y el coloquio. Se juntan la crónica y el apunte fragmentario como tejido, aparecen el chandé y el Magangué de los descalzos, la novela se va apuntalando en las voces nativas del chandé de Talaigua Viejo y sus cantaoras frente al gringo Nathaniel Krieger de International Report. Cierra la primera parte otro fragmento de Berenice.

Crónica rasa de nuestra geografía, la segunda parte se centra en pintar el Primero de Mayo Internacional en letras gigantes en la muralla del río grande como registro y valla de los descalzos. Pintar la unidad obrera del internacionalismo como valla mural que haga presencia del movimiento descalzo. Es necesario escribir aquí las palabras del descalcista Hernando Patiño: sin historia andamos ciegos. Novela conciliatoria sin los tonos de la aventura armada, ni reporte ecológico de maderización y potrerización. Su textura humana es rica en honduras y lágrimas.

La Albarrada, frontera entre Magangué y el río Magdalena

La Albarrada, frontera entre Magangué y el río Magdalena

A estas alturas podemos hablar de una trama historial bien novelada. La gesta magangueleña del Primero de Mayo dibujada es lucha sincera de los descalzos contra el atraso agrario, la nación rojiazul y la Colombia vendida que vira como chalupa al garete. Mayo abre su fiesta obrera. Se levanta el Comité de Solidaridad, la cooperativa, vienen los obreros petroleros de Cicuco, las tejedoras de palma con los mil sombreros cascajaleros para el desfile de Mayo  la sombrerera Virgelina acaricia la barba negra de Calixto. Pescadores, mineros, chaluperos, petroleros, todos los descalcistas y gente de Mayo están allí, la gran marcha jornalera avanza. Montan tribuna para el día del trabajo y se mueve todo el espinazo sindical con sus trampazos y tramperos. Se levanta el esquirol Gilberto Salas, pero lo apagan Pacho, el médico Óscar Mauricio y la procesión descalcista. Su utopía será una fiesta de las cosechas y honrado sueño de niños, yo iré a llamar a sus puertas. El NO de los descalzos a las armas es la Colombia nueva y constructiva, parodiando una frase del libro, digamos que destruir es más fácil que construir, pero también más doloroso y la guerra labor de amargados.

El Magangué de los descalcistas es la albarrada con sus colgandejos de toda laya donde siguiendo el texto, todo es engullido por todos. La calle no es la calle, es mercado, comparsa, bazar, sobrevivencia, plaza, escándalo. No deja por fuera huevos de iguana, boa, tortuga y babilla, todo por kilos. Vienen las rondas cooperativas, del plátano, maíz, arroz, sorgo, siguen El Planchón de Santa Rosario, Polo y el naufragio de las maderas, cierran Adolfo y Pacho..

Magangué al atardecer

Las dos últimas partes fijan una traza más historial, la novela toca todos los paisajes, Cartagena, Cali, Medellín, el texto rompe nuestras endogamias y transita paisajes de montaña, mar, ciénaga, río, mientras empiezan a moverse las balas escondidas con el encono nacional de los grupos. La novela no se deja engañar ni se presta a fantasías de pajes guerreros, denuncia cómo se legalizan balas y guerra. Es sumatoria propia, intento ambicioso cosmogónico y totalizante de las grandes sumas del siglo XIX. Escritura voluntariosa, limpia sin oscuridades de estilo, oficio despierto que asume la modernidad sin discurso académico, pero con el dinamismo dialectal del documento social. Escritor que no mame realidad escribe paja. Novela documental donde las puntadas juegan el juego de la memoria. Historial de nuestras lágrimas, derrumbamiento de la utopía descalcista. El puente de Luis Eduardo en las aguas del río Boque que acaban las balas de Arcelicio y su banda gatillera, los proyectos de Leonardo y sus llamados a libros y prensa. Desmoronamiento final de los descalzos, deambulantes, desplazados con los sueños rotos por Solano y sus matones. Las muertes de Lucho y Clemente. El relato de Nicario a Leonardo sobre la muerte de Lucho, testimonio doloroso y verísimo. Siguen las muertes de los descalzos Raúl Ramírez y Aidé, puentes, cooperativas, bibliotecas todo vuela a la hora de las armas. Todo parece historia cansada en esa Magangué descalcista. La novela misma nos da las claves de salida del pantano, ella tiene tres frases conmovedoras: era muy tierno para el remordimiento, es tarde para la vida y el Mohán es la tristeza del agua. Ellas son la invitación final a la niñez eterna del poeta y al despierto silencio de los sabios. Siguiendo el consejo de otro descalzo, metámosle razón al corazón y oficio a la vida, la tarea de vivir es más grande que la de morir.

NOTAS:

1 Editorial Universidad de Antioquia, mayo de 2003.

 

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