El río fue testigo
De Ángel Galeano Higua

Por Joaquín Peña Gutiérrez*

Entre los acontecimientos históricos que fundamentan la Ilíada y la escritura de la obra median unos cinco siglos. Para el caso fue el tiempo suficiente para que aquellos acontecimientos se limpiaran, se esencializaran y se transformaran en una realización y sentido que el hecho histórico no previó. La historia de un saqueo –normal en aquellos tiempos; y en estos– se convirtió en una gesta del amor y la valentía y el honor. Se tiene así, para la literatura, la ficción nacida de la realidad sin ser ella. Es ni más ni menos el problema que se le plantea desde Homero hasta hoy a los escritores de relatos, cuentos y novelas, sin tener como Homero cinco siglos que le hagan el favor de cambiarle la historia por la ficción.

Rev. Hojas Universitarias No. 67Nadie sabe a ciencia cierta cuánto le cuesta a cada escritor sus invenciones. Nadie sabe que esa invención tan parecida a la realidad pasó por una selección, organización, desecho, cuántas reelaboraciones, transformaciones y apariciones imprevistas que la realidad que parece mostrar, no estuvo. Se quiere decir que el llamado realismo también enmascara y aunque no parezca, en últimas no se puede superponer a la realidad real.

El río fue testigo, la novela de 388 páginas de Ángel Galeano Higua publicada por la Universidad de Antioquia en su colección Narrativa, es el resultado de no se sabe cuántos enfrentamientos de su autor con una realidad que vivió Colombia hace poco tiempo y que él tuvo que –domesticar – para la literatura hasta convertirla en novela. Buena parte del éxito literario de una novela radica en el éxito de autor en este enfrentamiento; en la ficcionalización de la realidad de acuerdo con la naturaleza propia de la literatura; la novela, para el caso.

Ángel Galeano Higua toma, asume, quiere escribir o se le impone escribir sobre un hecho importante en la historia del país.

Las décadas del 60 y 70 tuvieron mucho movimiento en el mundo, Latinoamérica y Colombia. Un punto común lo constituye el deseo de transformación. En todo. En ese todo está incluida la revolución social, política, cultural. La revolución. Hay los que participan en ella en las movilizaciones de masas, en los movimientos obreros, estudiantiles; en la guerrilla, en política comunitaria popular –fundación de cooperativas, droguerías, brigadas de salud, librerías, bibliotecas, vías de comercialización de productos– al movimiento hippie también hay que mencionarlo en la misma dimensión.

Página Revista Hojas UniversitariasA imitación de los curas que tratan de realizar su jesusismo con la comunidad de los desposeídos, la novela desea dejar testimonio de la acción de una gran brigada de –apóstoles laicos que quiso hacer trabajo social como se entendía en aquel entonces, sin armas ni proselitismo político expreso. El resultado es la muerte para algunos. Para todos, el fracaso. El juego de agentes, factores e intereses, guerrilla, Estado, paracos, delincuencia prolongan hasta hoy la situación, como si la novela no hubiera terminado.

Ángel Galeano sabe que la palabra como la sal, preserva a los hechos, a la vida de la corrupción a la que los somete el tiempo. Ha escrito estas casi 400 páginas tal vez como llama; ellas se leen como si fueran menos a pesar de ese título como de otro tiempo.

El lector sabrá determinar cómo le fue al escritor en ese enfrentamiento ineludible entre la realidad real que sostiene su obra y su ficcionalización, que la hace del todo.

El autor es fundador de la Fundación Cultural Héctor Rojas Herazo, de Cartagena; de la Fundación Arte y Ciencia, de Medellín; de los libros Rumor de río, crónicas y reportajes, En la boca del cura y otros relatos; fundador y director de El Pequeño Periódico de carácter cultural, entre otras de sus construcciones de hombre atento a la cultura de los hombres y del país. La novela reseñada fue finalista en el Concurso Nacional convocado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá en 2003.

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* Revista Hojas Universitarias, Universidad Central, Bogotá. No. 67, Julio-Diciembre de 2012, pg. 207,208

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